En 1951
Robert Wise dirigió The Day the Earth Stood Still inspirándose en un relato corto de Harry Bates titulado Farawell to
the Master. Esta película que puede parecer ingenua a ojos del espectador de hoy,
fue pionera en el cine de ciencia ficción. Las innovaciones de esta película se
dejan notar desde el primer momento, ya que la música de los créditos iniciales
es interpretada por un novedoso instrumento, el theremin.
Suele decirse que esta película fue la iniciadora de un género muy
popular en las décadas siguientes. El temor a una invasión extraterrestre, que
enmascaraba el miedo a una invasión comunista, inspiro multitud de películas de
cuestionable calidad. Muchas de estas películas son vistas hoy con condescendía y sorna. Sin embargo, hemos de
reconocer la audacia de unos cineastas que con pocos medios y mucha imaginación
fueron capaces de crear películas capaces de aterrarnos y de hacernos soñar con
criaturas terribles, ya que en contadas ocasiones son benéficas, venidas
lejanos mundos.
En The Day the Earth Stood Still, el humanoide Klaatu aterriza
en Washington con la misión de transmitir un mensaje de advertencia a los
habitantes de la Tierra. Este visitante es emisario de un gobierno
interplanetario, preocupado por la amenaza que puede representar la humanidad a
largo plazo para la paz en el universo. Klaatu es portavoz de un ultimátum que
se da a la humanidad: O la humanidad cambia, o será destruida sin miramientos.
Para llevar a cabo este ataque preventivo, Klaatu cuenta con el robot Gort, una
poderosísima arma capaz de aniquilar sin inmutarse a los ejércitos de la
Tierra.
Una curiosa frase que volverá a aparecer de forma encubierta en algunas
películas -prestad atención cuando veáis El ejército de las tinieblas de Sam Raimi-, Klaatu barada nikto aplacará los propósitos genocidas del
terrible robot.
En el mercado podemos
encontrar a Gort en distintos tamaños y con acabados.

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