jueves, 7 de agosto de 2014

Dewey, el drone jardinero

A veces me pregunto si el título de la película Silent Running (1972) está inspirado por el título del influyente ensayo ecologista The Silent Spring de Rachel Carson publicado en 1962. La obra de Carson despertó la conciencia ecológica de toda una generación, nos alertó del peligro que corrían nuestras selvas y bosques, y por ende nuestra propia subsistencia.

La película dirigida por Douglas Trumboll nos sitúa en un futuro en el que parecen haberse cumplido los peores vaticinios de Carson. La nave espacial Valley Forge es un enorme arca de Noé, una reserva natural donde se conservan los últimos bosques de la Tierra. No obstante, la civilización humana pervive en la Tierra a pesar de haber arrasado la vida vegetal del planeta. La misión de la nave-invernadero Valley Forge consistirá en preservar, durante un largo periplo por el sistema solar, los últimos bosques hasta que vuelvan a darse en la Tierra las condiciones necesarias para repoblarla de vegetación.

Al frente de la misión estará el melancólico botánico Freeman Lowell, quien acompañado de otros dos tripulantes humanos y tres eficientes "drones" jardineros: Dewey, Huey y Louie. Estos tres autómatas se convertirán en los verdaderos guardianes de un tesoro desdeñado y esquilmado por la humanidad. 

Ésta es una película triste, quizá no ha envejecido muy bien en lo relativo a los aspectos técnicos. Sin embargo, el desolador futuro que nos anticipa parece cada vez más probable. A pesar de todo la película sigue siendo resultona. La historia conmueve, siempre que perdonemos las "pocas luces" que demuestran tener todos sus personajes humanos.

Dewey regando las plantas mientras escucha a Joan Baez

No hay comentarios:

Publicar un comentario